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Fue hace más de 20 años cuando el que suscribe escuchó hablar por primera vez de Vicente Gimeno Sendra, insigne jurista y ejemplo de una vida que ha alcanzado el techo profesional, y más aún, la cumbre personal.

Hoy, algo más frío por el transcurso de los días y el cauce de los acontecimientos, este Despacho se permite escribir unas breves palabras sobre semejante personaje.

En un viaje en coche Alicante – Madrid, mi padre manifiesta haber conocido a un sabio que “devoró un libro de más de 500 páginas en el trayecto de apenas 4 horas” exprimiendo las conclusiones de cada párrafo para seguir alimentando su privilegiada capacidad de análisis.

Mucho se ha escrito sobre el Curriculum del ex magistrado del Tribunal Constitucional, Catedrático de la UNED, autor de decenas de títulos jurídicos y líder intelectual de la doctrina más práctica del derecho procesal: la que asegura el verdadero respeto a la tutela judicial efectiva y el derecho de defensa.

Sinceramente, más allá de la brillante trayectoria del aquí homenajeado, la característica más singular de Gimeno Sendro fue su inalterable independencia.

Vitoreado (y a veces malogrado) por unos y por otros, nunca tuvo reparos en posicionarse con la izquierda, pelearse con la derecha, alagar propuestas más liberalistas y criticar posturas que se autoproclamaban como progresistas.

Esta independencia le permitió llevar una vida en total libertad, aportando lo máximo a la técnica jurídica y disfrutando de su condición de pater familia.

Recuerdo los paseos por Madrid, las almejas en la Pulpería de Mila, las cervezas en Santa Bárbara y el dominó en la terraza de su casa. Todo esto, gracias al eterno honor de ser considerado como “niño adoptivo” de los Gimeno Bevia.

Con sus hijos y los Ausina se creó un entorno encabezado por este líder natural que a veces rechistaba jocosamente cuando un guiso no estaba como debiera o el vino era difícilmente degustable.

Y es que si el Ilmo. Magistrado llegó a lo más alto a lo que puede aspirar un amante de su profesión, no se quedó corto con el disfrute diario y la búsqueda del hedonismo.

71 años de vida plena y 1 mes de maldito sufrimiento. Quedémonos con lo bueno, pues la oportunidad de haber aprendido de este curioso genio, no nos lo puede quitar nadie.

DEP Vicente, ánimo familia.